De la carne al Espíritu. Operando con la mente.

29.07.2018

En todo trabajo espiritual, que es el vertical, empezamos construyendo la raíz de lo físico, que es nuestra vida horizontal (espacio-tiempo o campo de aprendizaje). Al reconocer nuestra humanidad, empezamos a trabajar con las creencias que operan dentro de la mente humana. Trabajamos con toda esa herencia que hemos heredado de nuestros antepasados, que no es más que un sistema de creencias que bien enferman o multiplican la vida. Al reconocer el sistema de creencias bajo el cual nuestra mente está trabajando, y reconocemos nuestra humanidad, es cuando podemos empezar a sostenernos en el proceso de retorno al origen, que es la mente iluminada, la creativa. Ese proceso necesitamos hacerlo acompañados: psicoterapia, maestros espirituales... Cada quien vive su proceso, pero, hay que hacer el proceso: hay que transitar el dolor que inventó el ego, las heridas que nos hicimos, las fantasías que fabricamos, la falsa proyección de nuestra imagen... Y perdonarnos a nosotros mismos. Cuando empezamos a tener la valentía de adentrarnos en nosotros, de aceptar nuestras emociones, nuestros dones/regalos creativos o valores, es cuando somos una mente libre, porque no tiene creencias limitantes que le impidan crear. La mente creativa es simbólica y femenina, es la que recibe, crea y da a luz sus creaciones. Para recordar quienes somos, primero tenemos que olvidar lo que inventamos, luego recordarnos que fuimos creados y no nos creamos a nosotros mismos. Que somos libres cuando dejamos de operar dentro de una mente llena de creencias que nos limitan y niegan nuestra feminidad, que es nuestra capacidad creativa. Cuando regresamos al origen, recordamos que somos 'hechos a imagen y semejanza': Hombre-Mujer en perfecta unión creando y dando luz a través de la mente, la cual opera el cuerpo. Sin embargo, empezamos por la tierra, por la carne, por lo humano y vamos acercándonos, a través de la ilusión del tiempo, a la eternidad del Espíritu y Su Belleza.