El Pulso del Espíritu

23.03.2018

  • Hay un pulso, una batalla, en el espíritu que no es perceptible a nuestros ojos físicos, sí a los espirituales. Lo que sucede, es que ese pulso del espíritu se manifiesta en la materia tratando de hacernos perder nuestra paz. En el mundo espiritual, hay infinidad de seres que bien nos protegen, o nos dañan. Esta conocida 'guerra espiritual', muy pocos la saben comprender, pues sólo aquellos que han vivido bajo un ataque de él comprenden los sucesos que entorpecen el devenir de nuestra vida. Muy tristemente, está de moda la espiritualidad, por ese motivo, infinidad de personas acuden a viajes con plantas sagradas, lecturas de cartas, médiums, yoga... Lo que sucede, es que todo eso no pertenece a la luz del Espíritu, que es Dios. Entonces, al abrir esas puertas espirituales, permitimos que el lado de la sombra entre en nuestro espíritu y se adueñe de todo nuestro ser, lo que se manifiesta en: carencias económicas inexplicables, desaparición de amistades, peleas con pareja o divorcios, pérdida súbita de trabajo... A veces, incluso, cuando uno se encuentra bajo un ataque espiritual, los espíritus pueden hacernos daño entrando en el ser de otra persona y atacarnos, para tambalearnos y parecer que nosotros somos los 'malos de la película'. Cuando somos una víctima de herencias familiares ancestrales, rituales de personas en nuestra contra, etc. Tristemente, hablar de esto es tildar de locura a una realidad que muchas personas experimentan y lo tienen que hacer desde el silencio, porque la humanidad se adormeció frente al rey de las ilusiones. Incluso, instituciones en nombre de Dios, nos dañan y compran el alma de las personas para obtener a cambio dinero, es decir, hacer negocio en nombre de Dios. Es un asunto de gran delicadeza, y de mucha confusión, pues sólo unos pocos comprenden que la moda espiritual y terapéutica nace de la sombra, y es la ignorancia la que gasta dinero a favor de esas instituciones. Los humanos acuden a ellas en búsqueda de una salvación al dolor de su alma, sin embargo, caen en un dolor mayor. Cuando recordemos que Dios, claramente, nos dijo que Él no se encuentra en las piedras, sino en el cielo, encontraremos la paz.