Elevación espiritual en la vida cotidiana

21.05.2018

La elevación espiritual se encuentra a través de tu labor cotidiana. Si elegiste ser actor la encuentras en cada palabra del texto, en cada paso que das en el escenario o cuando te encuentras seduciendo a la cámara. El artista no puede controlar lo que provoca su trabajo en la audiencia, en él sólo está seguir trabajando para elevar el estado de su conciencia. En una profesión en la que el ser se expone tanto, que no es extraño que el ego salga a la luz más de lo normal. La acostumbrada espera a la respuesta de un público se vuelve parte del trabajo, pero ahí el artista cae en el engaño y puede perderse, prostituirse o empezar a mostrar lo que los ojos de los demás quieren, dejando aparcada su necesidad esencial de búsqueda de Dios y de transcendencia. Uno puede trabajar seduciendo todo el tiempo sin tener la conciencia de que a quien seduce, en todo caso, es a la vida, que se encuentra en el latir de cada persona que acudió a la función. La seducción está en un baile creativo-sexual, el que te muestra la acción más pura, la que lleva a mostrar la vulnerabilidad y el alma, hablando de este modo de lo universal que le atraviesa a cada creador. Y eso se convierte en arte, ese camino nos lo muestra el teatro en un matrimonio interno que nace de la práctica. Al elevar nuestra conciencia, desde el trabajo y ejercicio cotidiano, podremos mostrar nuestro mensaje universal al público, sin la espera de una aprobación o de que puedan sentir el mensaje de nuestra alma, porque la misión se transforma en dar. Esa dependencia ególatra nos hace chiquitos. Sólo queda seguir jugando las fichas del tablero para aunar la partida del escenario y el público, para que todos seamos un mismo latir viajando y elevando, al unísono, nuestra conciencia.