Eternidad, aquí y ahora, usar y tirar.

09.05.2018

Somos la generación del usar y tirar, la generación de los deshechos; del aquí y ahora, sin importar cómo pueda afectar a otra persona nuestras acciones, de vivir el momento sin pensar en el mañana. Una generación que no se quiere comprometer, que no quiere responsabilidades, que quiere vivir 'libre' y en ese querer pierde su libertad de sentir más profundo. Una generación que ha querido obviar la eternidad, para vivir el placer del momento. Una generación que ha perdido valores, que ha preferido perder el valor de la vida, que es el valor del Espíritu eterno, para ganar el valor de la materia. Y en todo ese planteamiento se nos olvida que para crecer necesitamos unas raíces profundas en nuestro corazón: raíces de deseos laborales en los que podamos ofrecer lo mejor de nuestro ser, de crecer en el amor, de formar muestra propia raíz familiar, de tener un sostén emocional que nos acompañe en nuestro crecimiento. Esa misma relación con el mundo la hemos llevado a nuestras relaciones emocionales. Usamos a una persona para alimentar nuestro ego de conquista, para después soltarla y buscar una nueva. Queremos vivir en la eterna sensación de pasión y no de amor. Y lo mismo hacemos con las cosas, o viceversa, hemos 'cosificado' las relaciones. Cuando ya no sirve, la dejo ir. Luego, nos avalamos en el famoso lema del 'aquí y ahora' como una distracción, no como un disfrutar de la eternidad en el 'aquí y ahora'. Planteamos relaciones sin compromiso y ahí no hay crecimiento, más bien una pérdida constante de energía que se dispersa entre miles de personas y jamás vemos crecer el Amor en nuestra vida. No lo conocemos porque las raíces de nuestro corazón están enfermas y, cuando se presenta en nuestras vidas el amor, el que puede sanar esas raíces, lo desechamos porque requiere una responsabilidad: cuidar el corazón de nuestra pareja de vida. Ese compromiso se vuelve algo complicado, ya que tampoco lo hacemos con el nuestro, pues confundimos amor con pasión momentánea. Y el amor es eterno, mientras que la pasión dura un instante, para volverse una adicción que sólo alimenta el ego. El arte de amar jamás fue un asunto sencillo, porque la razón humana quiere entender la lógica del Espíritu. Y cuando comprendamos que la lógica del espíritu no atiende a la razón humana, empezaremos a relacionarnos y experimentar el Amor, que es el Espíritu y el Espíritu es el Amor, que es el Creador. Entonces, viviremos a través del Espíritu del Arte.