Manifestamos equilibrio?

28.12.2017

¿MANIFESTAMOS EQUILIRBIO?

Nos hemos preguntado, con honestidad, si manifestamos equilibrio? Equilibrio entre hombre y mujer, equilibrio entre sociedades, equilibrio entre dogmas? Estamos en armonía entre todos los sexos, razas, idiomas, colores o en nuestra relación con el espíritu? Para mi la respuesta es un claro NO. Hay un gran desequilibro empezando por la vida personal, por todo lo que nos desequilibra en nuestra genética heredada. No hay un equilibrio desde el momento en que a los niños nos cuentan, o les contamos, que existen reyes, hombres de barbas blancas o duendes, que nos dan regalos 'si nos portamos bien'. Les engañamos para después pinchar sus globos de fantasía y adentrarlos en un mundo de consumo; un mundo en el que unos son mejores por sus posesiones -los cuales, a mis ojos, manifiestan una gran conciencia de pobreza y por eso acumulan-; en el que es mejor ser de un partido político u otro -política que se creó para las polis, vivimos en ciudades, porque no hacemos ciudadanía? Por qué seguimos queriendo usar formas inventadas para polis de hace más de 2000 años?-. Vivimos en un mundo separado del espíritu, que es vivir separado de uno mismo. Un mundo carente de escucha y carente de una verdadera educación. No manifestamos el equilibrio del universo porque vivimos separados de la armonía que él manifiesta, porque nos aferramos a la materia -la cual es prestada y se nos olvida que no nos la llevaremos tras la muerte-. Empleamos nuestra abundancia en mentiras para los niños, que en su adultez siguen empleando su abundancia en la misma mentira social, perpetuando el engaño porque sino 'estamos mal'. Se han preguntado qué es el verdadero equilibrio? Han podido separarse de la materia para unirse a su espíritu? Para escucharlo? Tienen la valentía para salir del sueño y empezar a vivir vidas reales, desde la infancia? Tienen el valor de educar a sus hijos en la verdad y no cargar con el peso de la mentira heredada? Tienen el valor de tener un corazón libre? Sigan a su espíritu, no al corazón, a menos que este esté libre de heridas emocionales y si se convierta en la verdadera guía del espíritu.